La educación prohibida

Si tras diez años en el colegio, un niño no ha adquirido una comprensión lectora aceptable ni sabe realizar cálculos matemáticos sencillos con soltura, es que algo estamos haciendo mal.

La Educación Prohibida es un ambicioso documental, como parte del Proyecto Reevo, en el que “se propone cuestionar las lógicas de la escolarización moderna y la forma de entender la educación, visibilizando experiencias educativas diferentes, no convencionales que plantean la necesidad de un nuevo paradigma educativo”.

Reevo es un proyecto que busca “documentar, promover la reflexión y dar a conocer la enorme diversidad de experiencias de alternativas, innovadoras y tranformadoras en el campo de la educación.”

“No tiene sentido que un niño de ocho años pase en una aula más horas que un universitario.

Los chicos, cuando llega el lunes, piensan: “vaya, otra vez al colegio”. Pero ese no es el dato más preocupante. El más preocupante es que la mayoría de los maestros piensan la mismo.

La educación se ha convertido en la obligación para los alumnos de aprender conocimientos que no les interesan para superar barreras que otros les imponen.

El proceso educativo es un proceso de descubrimiento, no de aprendizaje de verdades.

Para aprender y disfrutar haciéndolo, el niño debe sentirse querido y seguro. Deben respetarse sus tiempos y liberarlos de la presión de lo que debe ser y saber. Dejarle que aprenda por placer, cuando esté preparado y no por miedo a las consecuencias.

Dejemos de motivarles ya que es una forma de inculcarle acciones y anular su propia personalida. Hay que dejar que ellos mismos descubran el placer de aprender.

Los niños deben tener los estímulos disponibles para poder usarlos cuando sea necesario. Cada niño tiene su ritmo y nosotros no podemos establecer un ritmo estándar para todos.

La educación pública, gratuita y obligatoria nació durante el despotismo ilustrado como iniciativa de la clase aristocrática para prevenir revoluciones: el sistema se diseñó para dar esperanzas al pueblo a través de una formación que, en realidad, adiestraba en la aceptación de las jerarquías sociales. Tal sistema se ha mantenido casi invariable hasta nuestros días.

En la escuela se habla de igualdad y solidaridad. Sin embargo estos aspectos se tratan de su punto de vista de contenidos puesto que los valores fomentados son totalmente  contrarios: individualismo y competencia.

No podemos pretender que los chicos aprendan a ser libres estudiando, desde un punto de vista teórico, qué es a la libertad. Y mucho menos en unos edificios tan parecidos a una cárcel: con altos muros, reglas estrictas, salas separadas y un timbre que indica dónde ir y qué hacer en cada instante.

Para que los chicos tengan libertad, los docentes también deben tener libertad.” 

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