La distancia más creativa entre dos puntos

 “Odio estudiar. ¡Lo odio! Pero me encanta aprender. El aprendizaje es hermoso.” (Natalie Portman)

Cerca de done vivo hay varios puertos de montaña que unen distintas poblaciones. A menudo se requieren 40 minutos para recorrer 30 km, por lo que la construcción de un túnel sería celebrado por muchos. Un túnel que permitiría ahorrar 10 minutos. Pero que privaría al viajero de:

De:

Incluso de:

Si para enseñar trazamos una línea recta desde el conocimiento actual del niño hasta el que debe alcanzar, estaremos preparando un viaje carente de estímulos. En cambio, trazando una línea curva y flexible, abriremos las puertas a poder disfrutar del camino del aprendizaje. Tal vez hacer una parada en algún rincón interesante, sorprenderse con conocimientos no programados, descubrir ideas inesperadas, etc.

Aprender no puede ser, sino, un viaje para disfrutar del camino. Y hacerlo con la tranquilidad de que siempre llegaremos a nuestro destino.

Sea un niño de 4 años, un adolescente de 15 o un universitario de 20, si se aburren en clase, de nada le está sirviendo su viaje hacia el aprendizaje. No despertará en ellos inquietudes ni pasiones.

Por más que los libros incorporen dibujos divertidos o por más que usemos las TIC, la experiencia del aprendizaje no proporcionará al niño el placer de sorprenderse con el mundo que nos rodea. No palparán la textura de un árbol, ni saborearan el olor de un bosque húmedo, ni experimentaran en persona nuevas costumbres. En definitiva, alcanzar los objetivos no siempre implica vivir una experiencia imborrable. Pero son estos estímulos, más allá del camino directo al objetivo, los que estimulan la creatividad y abren las ventanas del aprendizaje.

Si para avanzar en este descubrimiento, el niño necesita aprender a sumar, tarde o temprano, tendrá interés por aprender a sumar. Y además, por el camino, también habrá aprendido a compartir, a indagar, a explorar…

El adolescente que requiere aprender las leyes de Newton, puede hacerlo a través de las páginas de un libro (o de una web), pero también a través de la experimentación y la sorpresa.

En cualquier caso, el camino siempre será más largo, pero la experiencia también será más profunda.

Este proceso es importante en todas las etapas, pero sobretodo en las más tempranas. “Salgamos a jugar” es casi lo único que debería escuchar un niño de educación infantil. Para fomentar su curiosidad por descubrir el mundo, su sociabilidad y, sobretodo, para crear unos lazos emocionales con la escuela que garanticen tanto el disfrute como las metas de su viaje.

Hanoch Piven es un artista que siempre busca la distancia más creativa entre dos puntos para ayudar a niños y adultos a descubrir y expresarse. Su conferencia no habla de educación, pero sí de descubrir y expresarse. Vale la pena verlo:

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