Elogiar el esfuerzo

En 1990, la doctora Carol Dweck (psicóloga de la Universidad de Stanford) realizó una serie de estudios para determinar elementos clave en la motivación de los escolares.

En uno de ellos, tomó a 400 estudiantes que separó en dos grupos y les pidió que resolvieran una serie de puzzles relativamente sencillos.

A uno de los grupos, cada vez que resolvían el puzzles elogiaban su inteligencia (“¡Qué listo eres!”). Al otro grupo, en cambio, los elogiaban por su esfuerzo (“¡Te has esforzado mucho! ¡Has superado un reto!”).

Finalizados los puzzles, propuso a cada alumno una prueba de seguimiento. Para ello, el chico debía escoger entre otra colección de puzzles sencillos o una colección mucho más difícil.

Los resultados fueron reveladores:

  • La mayor parte de los chicos elogiados por su inteligencia, escogieron los puzzles fáciles.
  • El 90% de los chicos elogiados por su esfuerzo se atrevieron con los rompecabezas más complicados.

Los chicos que se saben (o se creen) inteligentes desean, por norma, mantener ese estatus. Por ello corren el peligro de convertirse en temerosos del fracaso. Su miedo a decepcionar puede conducirles a no asumir nuevos retos.

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