La técnica del “Sí, y…”

Educar es importante. Sí, pero cada vez más difícil.

Educar es importante. Sí, pero no nos dan suficientes recursos.
Educar es importante. Sí, pero para enseñar debe haber alumnos que quieran aprender.

Son frases que se escuchan en ocasiones en boca de los que vivimos la EGB, o modelos similares. Incluso las he escuchado en boca de profesores y eso ya resulta preocupante.

¿Sería descabellado promover la técnica del “Sí, y…” en lugar del “Sí, pero…” en todos los planes de estudio de magisterio e, incluso, en el acceso a la profesión docente?

La técnica del “Sí, y…” surge del teatro de la improvisación siendo Cathy Salit una de sus principales impulsoras. Su aplicación es muy sencilla. Consiste en que, ante cualquier problema o propuesta respongamos on un “Sí, y…”. Así de fácil.

Tomemos el ejemplo de cómo quedarían las frases del principio de este post con un “Sí, y…” en lugar de un “Sí, pero…”:

Educar es importante. Sí, y superaré las dificultades.
Educar es importante. Sí, y superaré la falta de recursos con imaginación.
Educar es importante. Sí, y para ello debo motivar a los alumnos.

El “Sí, y…” ofrece salidas, el “Sí, pero…” construye barreras. El “Sí, y…” promueve una actitud activa ante las dificultades, el “Sí, pero…” promueve el victimismo y la pasividad. De hecho, la técnica del “Sí, y…” es mucho más que una técnica de teatro de la improvisación, es un estilo de vida.

La educación es un reto, y los retos nunca pueden afrontarse a través de un “Sí, pero…”

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