El fracaso y la ceguera sistémica

Poco antes del terrible tsunami que asoló las costas de Tailandia, los delfines se alejaron de la costa, las aves dejaron de cantar y los animales huían colinas arriba. Los moken, unos nómadas del mar, observaron estos datos de su entorno y reconocieron una señal de alarma. Viraron sus embarcaciones y navegaron mar adentro siguiendo a los delfines hasta que la cresta del tsunami paso por debajo de ellos sin apenas percibirlo.

Los moken, igual que muchas otras comunidades que viven en contacto con la naturaleza, son poseedores de unos conocimientos ancestrales que les permiten generar modelos precisos a través de los datos proporcionados por el entorno. Unos conocimientos que se han ido transmitiendo de generación en generación y que hoy se van perdiendo a medida que las urbes y la globalización invaden nuestras vidas.

Demasiado a menudo se presupone que los sucesos tienen una causa directa y que atajar dicha causa es la solución o, al menos, parte de ella. Pero sin una visión sistémica del problema (sin ver el bosque detrás de los árboles) a menudo se trata de una solución provisional que, a largo plazo, agravan la situación inicial.

Este es el problema con el que topan las administraciones educativas. Tomemos como ejemplo el fracaso escolar. La principal estrategia para combatirlo es ampliar la oferta de ciclos formativos, pero se olvidan del resto de causas sistémicas: entorno familiar, medios de comunicación, cultura del esfuerzo, etc. Del mismo modo que los moken no intentaron evitar el tsunami haciendo volver a los delfines a la costa, las políticas educativas deberían comprender que los problemas sistémicos solo se pueden combatir con soluciones sistémicas. Es decir, una estrategia global que sincronice educación, sociedad, cultura, emprendimiento y valores.

Sin embargo, la ceguera sistémica no existe solo a nivel gubernamental. En el microcosmos del aula también hay infinidad de datos sistémicos que pasan desapercibidos debido a la tradición de considerar, de forma casi exclusiva, el aprendizaje cognitivo en la evaluación. Un problema de aprendizaje se trata solo con refuerzos que, en definitiva, consisten en una mayor insistencia en esos métodos que se han mostrado ineficaces. Nos olvidamos con facilidad de datos más sutiles pero reveladores como las habilidades emocionales, sociales, ejecutivas, etc.

En definitiva, una visión sistémica del aula, nos proporcionaría oportunidades de crecimiento y aprendizaje mucho más profundas para nuestros estudiantes. Sin embargo, si la evaluación de los datos solo se resume a una única nota, los matices se diluyen entre las páginas de los libros.

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