Éxito, Fracaso y Aprendizaje

Muchos padres y docentes hemos dudado en más de una ocasión de la famosa frase “del error se aprende”, sobretodo cuando vemos que los individuos tropiezan con la misma piedra una y otra vez.

Pues bien, existe un estudio del MIT que pone en duda dicha afirmación. De lo que se aprende no es de los errores sino de los éxitos.

El experimento demuestra que la actividad neuronal y la capacidad de aprendizaje es especialmente intensa tras un reconfortante éxito (percibido como premio) que tras una anecdótico fracaso. En el primer caso el cerebro almacena información sobre qué ha llevado al éxito y modifica sus conexiones gracias a la neuroplasticidad para prepararse para nuevos desafíos. El fracaso, en cambio, genera una actividad neuronal muy limitada y no se almacena información sobre la experiencia. Como consecuencia, existen muchas probabilidades de que el sujeto vuelva a cometer el mismo error en el futuro.

Ésta es una conclusión importante para la educación puesto que deberían orientarse las metodologías a facilitar el éxito placentero en los alumnos. A su vez, demuestra la poca eficacia de los castigos, suspensos o la obligación de repetir curso.

Para mejorar el aprendizaje es importante desarrollar una pedagogía del éxito que sustituya a la actual pedagogía de la penalización”.

Es importante resaltar que al hablar de fracaso me estoy refiriendo al fracaso anecdótico, es decir, aquel que no se percibe como doloroso para el individuo. Obviamente, un fracaso o error con consecuencias graves sí es almacenado hasta el último detalle en la memoria llegando a modificar, incluso, el comportamiento del sujeto para el resto de su vida.


BIOGRAFÍA:

Álvarez, R.: Neuromarketing, fusión perfecta.

Histed, Mark; Pasupathy, Anitha y Miller, Earl (2009): Learning Substrates in the Primate Prefrontal Cortex and Striatum: Sustained Activity Related to Successful Actions. Link

La cultura de centro según Schein

La cultura es el conjunto de presunciones básicas (inventadas, descubierta o desarrolladas por un grupo a medida que va aprendiendo a enfrentarse a problemas de adaptación externa y de integración interna), que hayan ejercido la suficiente influencia como para ser consideradas válidas y, en consecuencia, ser enseñada a los nuevos miembros, como forma correcta de percibir, pensar y sentir estos problemas. (Schein, 1988).

Schein afirma que las presunciones que constituyen la cultura quedan interiorizadas hasta el punto de que mueven el pensamiento, emoción y conducta de las personas (influencia invisible) hasta formar los valores por los que se mueven (influencia visible). Y ello puede aplicarse tanto a civilizaciones como a organizaciones o grupos pequeños de individuos.

Niveles de la cultura según Schein

En una organización, dichas presunciones pueden clasificarse como:

  • Creencias sobre la razón de existir de la organización (misión, visión…).
  • Creencias sobre cómo es o cómo debe ser el mundo (ética, ambición, solidaridad…)
  • Creencias sobre la naturaleza humana (p.e. “¿las personas pueden cambiar?”).
  • Creencias sobre porqué actúan los humanos (¿Imponiéndose a la naturaleza? ¿Acatando su destino? ¿Mejorando el mundo?…)
  • Creencias sobre las relaciones humanas (¿Agresivas? ¿Amistosas? ¿Coercitivas? ¿Sumisas?…)

En un equipo de personas debe considerarse estas presunciones para que los proyectos puedan tener éxito. No puede iniciarse algo que atente contra estas creencias sin, antes, transformar, generar, validar y asentar nuevas creencias. Schein afirma, pues, que la cultura es dinámica y puede ser modificada mediante acciones adecuadas.

 

BIBLIOGRAFÍA:

Schein, E.H. (1988). La cultura empresarial y el liderazgo. Barcelona: Plaza y Janés.

 

La técnica del “Sí, y…”

Educar es importante. Sí, pero cada vez más difícil.

Educar es importante. Sí, pero no nos dan suficientes recursos.
Educar es importante. Sí, pero para enseñar debe haber alumnos que quieran aprender.

Son frases que se escuchan en ocasiones en boca de los que vivimos la EGB, o modelos similares. Incluso las he escuchado en boca de profesores y eso ya resulta preocupante.

¿Sería descabellado promover la técnica del “Sí, y…” en lugar del “Sí, pero…” en todos los planes de estudio de magisterio e, incluso, en el acceso a la profesión docente?

La técnica del “Sí, y…” surge del teatro de la improvisación siendo Cathy Salit una de sus principales impulsoras. Su aplicación es muy sencilla. Consiste en que, ante cualquier problema o propuesta respongamos on un “Sí, y…”. Así de fácil.

Tomemos el ejemplo de cómo quedarían las frases del principio de este post con un “Sí, y…” en lugar de un “Sí, pero…”:

Educar es importante. Sí, y superaré las dificultades.
Educar es importante. Sí, y superaré la falta de recursos con imaginación.
Educar es importante. Sí, y para ello debo motivar a los alumnos.

El “Sí, y…” ofrece salidas, el “Sí, pero…” construye barreras. El “Sí, y…” promueve una actitud activa ante las dificultades, el “Sí, pero…” promueve el victimismo y la pasividad. De hecho, la técnica del “Sí, y…” es mucho más que una técnica de teatro de la improvisación, es un estilo de vida.

La educación es un reto, y los retos nunca pueden afrontarse a través de un “Sí, pero…”

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