La obediencia

La obediencia es el camino hacia la autonomía.

José Antonio Marina afirma que las obligaciones permiten construir las herramientas psicológicas de la libertad. Aunque pueda resultar paradójico, su razonamiento es muy simple.

Los niños pequeños poseen muy poca capacidad de autoregulación, anticipación y planificación. Esta capacidad va ligada al desarrollo del lenguaje interior que empieza entre los 6 y 8 años. Antes de esta edad, las muestras de autodisciplina son más bien pobres, tal y como puede comprobar cualquier padre o madre.

Algunas teorías afirman que los niños pequeños no comprenden el concepto de obligación. Incluso se ha llegado a afirmar que incluso puede ser perjudicial ya que las obligaciones inhiben su capacidad de pensamiento crítico y les privan de aprender de las consecuencias de sus acciones o inacciones.

Probablemente, estas teorías tengan parte de razón pero lo que pretende Marina es evitar moverse en los extremos. Ni el “porque sí” ni el “allá tú”, sino buscar el equilibrio.

En efecto, los niños tienen que aprender de sus errores pero también tienen que comprender que ciertas tareas deben realizarse tengan o no tengan ganas. Marina afirma que este es el principio de una buena educación: pasar de la disciplina a la autodisciplina, de la regulación impuesta a la regulación voluntaria. El niño que ha aprendido que ciertas tareas no pueden cuestionarse, comprenderá el equilibrio entre lo que le apetece hacer y lo que debe hacer. Principio básico para la perseverancia, aplazamiento de la recompensa y visión a largo plazo. En definitiva, pera el desarrollo de la inteligencia ejecutiva.

El ejercicio es simple. Por un lado hay que reservar momentos en que el niño pueda equivocarse para que, a continuación y con ayuda de los padres o educadores, pueda reflexionar y aprender de la experiencia. Por ejemplo, “te entretienes tanto hacer una tarea de modo que no te queda tiempo para ir al parque”. Pero por otro lado, no hay que tener miedo de indicarle que algunas tareas deben hacerse “porque sí”. Sin embargo, antes de llegar al “porque sí” es importante argumentar los motivos aunque no podemos esperar a que siempre los comprendan.