La crítica constructiva

Criticar a los compañeros, alumnos, pareja o hijos es una de las tareas a la que nos vemos obligados a menudo. A pesar de que el objetivo siempre es mejorar la relación o ayudar a la otra persona, con demasiado frecuencia desemboca en todo lo contrario: discusiones, enfados, ofensas, actitudes defensivas y refuerzo de aquellos aspectos negativos que se pretendían mejorar.

El problema, a menudo, está en el arte de critica. La crítica es una herramienta poderosa que puede ampliar los límites de las relaciones humanas y del desarrollo de los individuos. Sin embargo, mal usada, puede convertirse en una arma de destrucción masiva.

En los años 60, en el Institute for Applied Behavioral Science de elaboraron una serie de pautas para ayudar a que las criticas fueran una herramienta constructiva. Posteriormente, estas pautas fueron recogidas por Alan Filley. Me parece muy interesante recorgerlas aquí para que profesores sepan como criticar a sus alumnes, los padres a sus hijos, los jefes a sus empleados o incluso críticas entre iguales (amigos, pareja, etc.).

PEDIR QUE NOS CRITIQUEN

Conocer que piensan los demás de nosotros y sentir la crítica en nuestras propias carnes es el primer paso, y necesario, para ser capaces de realizar adecuadamente nuestras propias críticas.

El consejo es pedir a alguien, que sepamos que va a ser sincero, que nos critiquen y escucharles atentamente. Pero no de cualquier modo. La propuesta debe ser, más bien, pedirles que valoren algo de lo que hacemos indicando qué hacemos bien y qué deberíamos mejorar. Pedir que nos indiquen qué hacemos mal sería entrar en el territorio de la crítica destructiva.

Resulta útil usar frases como: “¿Me puedes ayudar a mejorar en…?” o “No estoy seguro de hacer lo correcto…”

La crítica destructiva (hablar solo de lo que hacemos mal) es desagradable y nunca ayuda a mejorar. Estas estrategias ayudan a dar un adecuado tono constructivo a la crítica que nos permitirá asimilarla.

Tras recibir la crítica es conveniente realizar un proceso de metacognición y metaemoción. Es decir, ¿qué aprendo de la crítica? ¿Cómo me ayuda a mejorar? ¿Cómo me he sentido al recibirla? ¿Qué frases o tonos me han sentado peor?

Con esta práctica seremos capaces de realizar críticas con un contenido y tono mucho más constructivo.

PEDIR PERMISO PARA CRITICAR

Para que una crítica sea útil, el sujeto criticado debe estar receptivo a ella. De modo que antes de entrar debemos llamar a la puerta: “¿Puedo darte mi opinión?”, “¿Es un buen momento para contrastar nuestros puntos de vista?”…

Es importante dejar claro que nuestro objetivo no es hacer un postulado sino contrastar las opiniones sobre una cuestión en concreto.

DESCRIBIR, NO VALORAR

En el contexto de una crítica constructiva podríamos afirmar que están prohibidas las valoraciones personales: “Eres desordenado”, “Eres incompetente”… Incluso aunque sean positivas, su eficacia será muy limitada: “Eres demasiado bueno”, “Eres muy exigente”…

En vez de valorar es preferible centrarse en qué aspecto nos lleva a esa valoración: “Tienes la mesa desordenada”, “Ese proyecto era demasiado escueto”, “El otro ha fallado a tu confianza”, “Tu equipo se siente incómodo”, etc.

CONCRETAR

La concreción es la clave para que puedan comprender y asimilar nuestra critica. ¿Qué aspectos concretos se pueden mejorar? ¿De qué sirve decir, “debes trabajar mejor” o “debes comportarte mejor”?

Es necesario identificar el aspecto que provoca la disfunción y centrar el comentario en él: “¿Qué te parece si mejoramos la presentación de tu trabajo de este modo?”, “¿Qué opinas de tu reacción ante una determinada situación?”

DAR PIE A NEGOCIAR

Ante toda crítica hay que tener en cuenta que se trata de un opinión y que otros pueden tener puntos de vista. Es necesario pues utilizar formas subjetivas “yo creo…”, “en mi opinión…” y condicionales “quizás habría sido mejor…”, “¿crees que podrías hacerlo de otro modo?”

VALORAR LA UTILIDAD

Si una crítica es para mejorar algo debe orientarse a algo que pueda ser mejorado. Ante un niño tímido, por ejemplo, no será una crítica útil decirle “eres tímido” pues no le ayudará a dejar de serlo. Tampoco sería una crítica útil “tienes que ser más lanzado” puesto que no sabrá como lograrlo. En cambio, sí sería una crítica útil “la próxima vez que te encuentres en esta situación podrías intentar de hacer esto”,

BUSCAR EL MOMENTO OPORTUNO

Emitir y recibir críticas es algo muy delicado por lo que no puede hacerse en cualquier momento. Es muy difícil que una crítica en caliente resulte constructiva, pero cuando ya casi se ha olvidado el tema objeto de la critica tampoco aporta nada.

Para encontrar el momento oportuno deberíamos hacernos un par de preguntas:

  • ¿El objeto de la crítico es vigente?
  • ¿La persona criticada estará receptiva?

COMPROBAR LA CORRECTA INTERPRETACIÓN

En ocasiones uno puede sentirse satisfecho con su discurso a pesar de que la audiencia no haya entendido nada. Para evitar esta situación que, en el contexto de una crítica entraña más peligro de lo que pueda parecer, podemos pedir al interlocutor que nos diga con sus propias palabras lo que ha interpretado.

COMPROBAR QUE ESTAMOS EN LO CIERTO

Finalmente, y dado que siempre nos hemos referido a las críticas como una opinión, es interesante contrastar nuestra opinión con otras personas antes de lanzar la crítica, es posible que seamos nosotros los equivocados.


BIBLIOGRAFÍA:

Filley, A. (1985). Solución de conflictos interpersonales.